
El próximo sábado 13 de septiembre a las 5 de la mañana un movimiento telúrico sorprenderá al eje cafetero en Colombia. El temblor lo sentiremos quienes, a esa hora, acostumbramos a tener las espaldas sobre el piso, quiero decir, quienes acostumbramos a emular a una lombriz de tierra nocturna en busca de alimento. Precisamente anoche, en esos momentos de profunda reflexión y soledad de mis palabras mudas, con las espaldas frías por el contacto de las baldosas de cerámica de mi apartamento, me proyecté en ese futuro movimiento telúrico. Asumo de ahora en adelante que ya se produjo el temblor y que la narración de esta experiencia hace parte del pasado.
La tierra expedía otra vez en el eje cafetero algo así como un lamento suave pero insistente, inconforme e impertinente. Hoy, luego de varias horas de mal sueño y pesadillas telúricas, me han comunicado que la base número 345 del Museo TECMIT está presentado una falla de resistencia telúrica; de inmediato, un grupo de expertos y yo nos dirigimos apresuradamente al Museo, bajamos por las escaleras que conducen al recinto madre donde se encuentran las tumbas reales, así como los basamentos matristicos y descubrimos que, en efecto, la base 345 presentaba un extraño comportamiento. En esta columna de 3 metros cuadrados, había algo que tenía que ver con el temblor de la noche anterior. La base-columna de concreto alizarinico y hierro carbonatado sólido se había convertido en ridita maleable y polvo calcificado dúctil, materiales que a pesar de estar en la naturaleza son difíciles de hallar. Estas mezclas de minerales raros, además de expedir luz, tienen, al contacto con otros materiales, la facultad de cambiar su morfología, adaptándose a la configuración anatómica del objeto invasor. Sin saberlo, acerqué desafiante mi mano y de una forma maravillosa la columna de apariencia rígida, comenzó a moverse hasta transformarse en anatomía humana mímesis y receptáculo de mi mano. La tierra empezó a estremecerse debido a los movimientos de la base, entonces supe de la relación de los temblores en Pereira y el nuevo Museo TECMIT.
La sensación de tocar la columna aún la guardo como un tesoro invaluable, empezando porque pude introducir mis dedos en un concreto diferente, suave, por demás cariñoso; la sensación, imagínense, es como si metiéramos los dedos en un copo de algodón rosado, de esos que venden en los parques los domingos. Sin embargo, la estructura, ahora suave y maleable, seguía soportando con firmeza el peso del Museo TECMIT.
No había duda, en el Museo TECMIT se estaba presentando un fenómeno único en el mundo; por esta razón los expertos en antropología onto”don”tológica y los doctores en literatura maestrística de la Universidad, de inmediato hicieron conocer a las autoridades del Centro de Estudios Míticos y de preservación fenomenológica de Leeds en Inglaterra, y el centro de becas filosóficas hermenéuticas doctorales en Alemania, los extraños comportamientos del basamento, ya que éstos institutos, son los encargados de realizar diagnósticos y formular las posibles soluciones, desde luego, con la intervención tecnológica interpretativa de la ciencia y la innovación del nuevo departamento de la no CIENCIA –ARTE en Colombia; a propósito, creo que para el campo de estudio del arte, que es el campo desde donde se analizarán los fenómenos del basamento museístico actual, el nuevo Departamento de Ciencia, Innovación e Investigación de Colombia, profundizará aún más la brecha de incomprensión y desinterés de los procesos artísticos y culturales, priorizando la idea muerta de progreso que no logra bajar la pobreza y violencia en este país.
En este momento y luego de 24 horas de intensidad académica y comprobaciones de calor y cromosensibilidad expresionista, se ha llegado a la conclusión que el basamento número 345 se encuentra ubicado justo encima de un icono sagrado que se presume pertenece a la cultura prequimbaya o bien a un tesoro de origen mítico judeo-cristiano abandonado, según las leyendas locales, en el proceso de conquista y pacificación ocurrida en el Salado de Consota hace más de 400 años. Hay que anotar que el basamento número 345 no guarda las mismas características de los demás basamentos del Museo TECMIT ; mientras los basamentos normales no superan una longitud de 38 metros de profundidad, la base número 345, tiene exactamente 345 metros bajo tierra. Lo anterior se debió a que cuando se estaban haciendo las excavaciones en busca de tierra sólida amarilla, en ese preciso espacio, los obreros descubrieron un socavón de una profundidad abismal. En ese momento se pensó que la construcción se debía suspender por la inestabilidad que representa construir sobre una burbuja de aire o vacío profundo, pero el equipo tecnológico del Museo TECMIT pronto se dio cuenta que el reto guardaba una íntima relación con la naturaleza mítica del nuevo Museo Pereirano. La caverna descubierta tenía, como se dijo, una profundidad de dimensiones incalculables con un ancho 3 metros, variable hasta 4 metros. El equipo tecnológico con ayuda de los técnicos en sondometria y literatura rizomática fueron introduciendo, en ese recorrido hacia el fondo de la caverna, una rara formaleta de guadua gigante, en la cual se vertía cada 22 segundos dos toneladas de una extraña mezcla de concreto galvanizado dúctil de bajo peso y fuerte resistencia. El equipo de basamento duró 5 meses construyendo la base en busca del fondo del socavón, al final fueron 345 metros de columna construida hasta hallar tierra firme. El fondo de la caverna no está compuesta de tierra caliente de color amarillo cadmio como se creía existían en estas capas geológicas de la tierra, al contrario lo que se encontró fue una tierra extremadamente fría, casi congelada de pirita anaranjada con compuestos de otros minerales y piedras preciosas de color Alizarin. A pesar de la oposición de los antropólogos de la universidad, la columna, que es la columna vertebral de la estructura del Museo Tecmit, fue apuntalada sin apenas hacer un estudio de suelos más allá de los 345 metros de vacío.
El Museo ya prácticamente se encuentra finalizado; ayer aprovechando los movimientos telúricos en la ciudad de Pereira y la conmoción que causó el comportamiento del basamento 345, encendimos el sistema de iluminación del recinto museístico y la verdad es que se veía maravilloso al lado del precioso guaducto y el cantar de los sapos al anochecer.
Equipo de curaduría ética Museo TECMIT
1 comentarios:
Transcribo el mensaje electrónico del poeta Edgar Duarte recibido hoy día de la celebración del reconocimiento de la diversidad de opiniones en la universidad pública colombiana.
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De verdad que me he deleitado leyendo sus comentarios de los importantes develamientos aqueologicos de seres miticos, el debate de los conceptos de autoria, y tantos otros que ha mandado. Sin embargo este ultimo nos ha causado, a mi madre y a mi, un poco de costernacion: ha podido usted profetizar el sismo? Fue escrito el 6 de septiembre? Me llena de inquietud, aunque el artículo, como es común, goza de alta densidad semiótica, se me hace increible el hecho de la claridad en esa aseveracion. No será que los nacidos en esa fecha ( el autor se refiere al 10 de diciembre, la misma fecha de nascimiento de O.Salamanca) estamos condenados en alguna instancia a tener atisbos del futuro. Yo describi mi caida, el accidente, un agno antes de que ocurriera.
Por otra parte, de verdad me entretienen los articulos, me parece bastante interesante la manera multidisciplinaria en que ramas antagonistas se mezclan en la mitificacion de estos hallazgos. El arte apropiandose de la arqueologia, la sociologia de entender esa piedra filosofal, la roseta colombiana, desde la perspectiva del artefacto artistico. Desde ya le digo que si hay el caso de necesitar un hermeneuta, un profesional en estudios literarios que pueda intentar descifrar los contenidos linguisticos de la piedra, dejemelo saber, que atento he estado en tan magnos y tan valiosos descubrimientos que se han hecho en este periodo en Pereira.
Un abrazo de su sobrino y hermana, y de verdad aclarenos si ese fue el caso del temblor.\
Edgar Duarte , Canada
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