viernes 8 de mayo de 2009

carta desde el Galeras





Hola Maestro Oscar:
Resumen:
Aquí unas imágenes apócrifas que me llegaron de la metida de mano al ciclope y de una arqueología sin permiso.
Verifique, y las huellas fueron borradas. La sangre mancho un poco el verde de la bandera.
Una rata mordisqueó el festón. Se recomienda pomada Brasso o ceniza de pucho para el cobre del asta.
No hay fotos de la reconstrucción.......!!CHITE!! dijeron...
El cráneo empezó a oler mal en esa pecera. Hay un hueso de pollo extra en la otra caja. Se hallo una puntilla de dos pulgadas marca Atlas, una uña de pulgar, dos pelos ensortijados púbicos, una aguja, hilo seda, y raspadura de yeso la Roca.
En el vidrio tres afiches formaban el 666 Imag. Reg. Por dios bendito!!
La investigación se archiva. No ha lugar a denuncias ni recompensas. No hubo informantes ni video de registro.
Negativo para marca registrada. Las configuraciones Oseas no presentan alteraciones.
La sangre no esta infectada y es OH!! positivo. Dr Gross.
Muestra de saliva: negativo para virus porcino.
Del video al video: falla de origen- X resolución. Vector 132, pixelada.
!Chite!!!: clasificar imágenes en la carpeta de los censurados.

Saludos.
Dioscorides desde El Galeras en Pasto.

domingo 19 de abril de 2009

El Museo TECMIT sustrae la pintura rosa de la Casa Republicana, el origen narcisista del inicio.


En un extraordinario registro fotográfico aparecen de Izquierda a Derecha José Orlando Salgado, Pablo Acosta Lemus y Ricardo Arcos Palma. Fuente: Red social virtual
El Museo TECMIT sustrae la pintura rosa de la Casa Republicana
El origen narcisista del inicio
El entramado acústico de una pintura color rosa en las paredes subyacentes al viejo edificio republicano terminaron ese día de configurar una de las piezas de criticismo más voraces de las que el grupo de conocedores del arte bogotano haya tenido presente.
Una grieta con el insalubre olor a amapola verde y ramo de flores mortuorias, rojas, lánguidas, acompañó la alegre alusión fantástica de saberse culto en el descampado conceptual del entorno artístico. Salgado, aquel hombre a punto de desfallecer, alto y deliciosamente escuálido, anotó en el libro de apuntes que siempre guarda bajo el brazo un breve párrafo acerca del desplante que le produjo el saberse por fuera del evento arte del Museo, todo por la dureza y necesidad del lenguaje. Salgado, artista resistente y marginado por nosotros mismos, sus amigos, recorrió tristemente las salas y escenarios expositivos en esta ciudad también triste del Museo TECMIT , con el aliento extraño que produce la tristeza de la marginación y el desengaño. En un momento de desasosiego el artista Salgado mirando los cerros de Bogotá pensó “He recorrido parte de la vieja Europa consciente de que mi búsqueda no era sino la debilidad por el síntoma del lenguaje, no obstante mi periplo fui traicionado, no obstante la traición fui mezquino” ¡Salgado hace parte del arte contemporáneo! Lo digo fácilmente porque es fácil para alguien como yo decirlo con una risita desgastada y escupiendo el retrato desgastado de F. Toledo experto en desolles aburridos de literatura desgastada que a nadie interesa, bodegones sin luz; otra tristeza adicional, pobre y triste Salamanca.
De camino hacia la casa republicana, el color rosado brilla hoy con una fuerza reluciente en la autoafirmación, es como si, de repente, se volcara tras de mí un halo fluorescente de esquirlas venenosas con alguna intención amorosa. Volteo mi cabeza bruscamente con el ánimo de alejarme de la influencia vertical, rizomática, del mapa delezziano, pero no puedo resistir mirar y sé que el castigo de esta indiferencia es mi propia escultura.
Voy caminando por la cuarta con calle 17, mientras camino me doy cuenta que las calles del centro de Bogotá siguen conservando, a pesar de tanto tiempo que no las recorro, ese mismo aroma de sudor indigente de saberme lejos, ese mismo horroroso y viciado espectáculo de lo escatológico de mi memoria personal donde se confunden el sabor a manteca usada del restaurante chino, la mierda humana y los escupitajos rabiosamente pegados en las paredes y esquinas infladas, todos elementos del paisaje, todos elementos de ese asquito que significa vivir en esta ciudad del triunfo del gris.
El arte contemporáneo desde donde se instala la mirada libre e independiente de Salgado, al parecer es la misma mía y la misma de Pablo, profesor de colegio y amante de jazz que huye de la muerte y la marihuana; pero también es la misma mirada de Arcos, a pesar de sus graves y constantes contradicciones y sinsentidos, pero, pienso ¡que diablos! al fin de cuentas de lo que se trata en el arte de hoy es de ser completamente contradictorios.
Cuando vivía en la Candelaria y lejos del Museo TECMIT comía bien una vez al día en ese restaurante chino del cual les hable antes; en el sitio por 2.000 pesos servían una suerte de menú del día donde uno podía escoger entre hígado a la plancha, pollo frito o pescado que por el dinero que pedían lo mejor era no preguntar de que especie se trataba. Lo que importaba era que con esos dos mil pesos y la montaña de arroz negro del plato comíamos Humberto, Miguel y yo. Humberto compartió conmigo no sólo este diario plato durante años, sino también los cuatro metros cuadrados de mi habitación en el barrio la Concordia, otrora barrio rico capitalino, pero hoy vecindario de la mayoría de ladrones que trabajan en la calle 19. De Miguel me queda su carita de niño abusado por su familia y la alegría de su rostro agradecido cuando decidimos, Humberto y yo, adoptarlo por dos meses cuando él decidió huir por primera vez de su casa en los cerros de Bogotá. Luego, el almuerzo con hígado traslucido no aguantó para tanto y terminamos por dejar a Miguel en un CAI del centro de la ciudad con toda la ropa y mercado que mis amigos reunieron para mantenernos a los tres.
A unas calles de la casa republicana y del Museo TECMIT ocurrió todo esto hace más de diez años, lo que me hizo pensar con fuerza en varias cosas que ahora atañen ,increíblemente, al arte. Soy artista plástico, o mejor, soy pintor, enemigo de profesores viles y curadores sanguinarios, también de galeristas colombianos con ínfulas de pordioseros newyorkinos o madrileños, pero amante del color rosa de estilo republicano, del museo mítico y del origen narcisista del inicio.

lunes 30 de marzo de 2009

Los animales salvajes huyen, Museo TECMIT en la catedral bibliogesica de Bogotá.



Imágenes del oso perezoso encontrado en el parque Nacional de Colombia.

En inmediaciones del parque Nacional y el céntrico barrio de la Candelaria en la ciudad de Bogotá, desde la noche del 18 de marzo han comenzado a ocurrir una serie de eventos con características que van más allá de lo cotidiano, de lo humano racional. Ese día, a las 12 del mediodía, a pocas calles del Museo TECMIT, un viejo boticario de ciencias naturistas liberó por accidente, un sulfato de frielita, compuesto derivado de elementos raros característico por su penetrante olor a hongo amazónico de la familia de la grimatropivieda latinus . El sulfato fue utilizado durante el periódo de la guerra de los mil días para curar las infecciones de gangrena en labios y extremidades inferiores, un sub producto de un virus aéreo, contagiado vía neuronal por los osos perezosos de la región de Palonegro, en lo que hoy se le conoce como la llanura de la vergüenza en el departamento de Santander del Sur en Colombia. De inmediato, cuando el boticario liberó la volátil sustancia, en el Museo TECMIT, ubicado en el primer piso de la casa Republicana, las denditras maleables utilizadas en la restauración de la torre de vigilancia y los fondos cardinalicios del basamento tecnológico mítico comenzaron a sufrir una suerte de transformaciones, por demás de orden atónico, que implicaron en ese momento y ahora, la sensación vaporosa producto de un calor sofocante en el centro de la ciudad. Aquellos que vimos el espectáculo de color emanado del choque termifactico entre el vaho sulfico con el color de la reacción química en el ambiente, creímos haber visto, por un instante, un fuego con connotaciones sagradas más no bíblicas sobre la techumbre de la Biblioteca Luis Ángel Arango, catedral bibliogesica de Bogotá. Calor y espectáculo cromático de repente confluyeron en una sorda e imponente sensación de ahogo.
Afortunadamente para la constitución mítica del entramado de situaciones paralógicas, un joven distraído manipulaba inconscientemente un transportador transparente. El joven se encontraba abstraído en un juego de instrumentos raros para el dibujo marcados con la señal del absurdo y lo inútil. Por un momento imaginémonos la escena: los transformadores ingrávidos se yuxtaponían entre ellos creando una composición imposible de paredes, subsuelo e inframundos dentro del cubo blanco del museo moderno. Toqué incrédulo la imagen proyectada sobre aquella superficie rugosa donde aparecía diluida la forma del muchacho, pero todo cambio frente a la fabula instaurada por el arte contemporáneo maleable, flexible e incluso indivisible de la estética de la desaparición. En conclusión, el calor cromático en la existencia mítica de lo tecnológico hecho arte tiende a desvanecerse irremediablemente, esto último es una abstracción del pensamiento poético instaurado en las montañas y ríos de aguas turbias.
En ese orden de ideas las resinas importadas de Como y las esencias extraídas de los últimos arboles de copal del desierto de sonora, los cuales a luz de la verdad, poseen un fuerte componente de estiércol seco y delicioso olor a madreselva rizomantizan el mal aliento y la flatulencia irreverente, inmanente del barrio la Candelaria y el niño cíclope.
El Museo TECMIT desafiado por la amalgama de mierda verde de cerdos rojos y profesores viles sedientos de academia y tecnología arte, promulga la ética de la caverna ciega en la furia letrinocentrica: nunca más seremos tan felices y creativos como ahora. Mi influencia sencilla emoción, mi vida dada en el perfil, en la representación, es la escena traslucida de los transportadores rotatorios. En el maravilloso pasaje del libro ilustrado medieval del beato Rigoberto nos ofrece una parábola inviuvica con una conclusión parecida: “ Regodertum fisdreficutivus meridroctiva ego”.
El bochorno, sin embargo terminó por afectar a niños y abuelos, quizás la población más sensible a la sociedad del dibujo descategorizado, donde rasgo, trazo, imagen contexto dinámico nada pueden hacer ante la estampida de los animales salvajes, quienes huyen por no comprender la fenomenología de la creación, de la justicia mítica y tecnológica de la línea en el paradigma del pensamiento.
Es cierto lo que la sospecha manifiesta en pasillos y la institución arte promulga a partir de los doctores del arte: no se nada de arte, nada, me declaro un neófito del arte, de sus técnicas, de sus implicaciones con lo político, lo social y lo económico. En este sentido el MUSEO TECMIT en la Biblioteca Luís Ángel Arango esclarece la imagen soñada y el deseo acariciado del sarcasmo y la sorna, déspota, método y batalla rusticana del poder nimio.
Lo único cierto es que desde el momento de la instalación del Museo TECMIT, hubo un juego, podríamos afirmar, de asociaciones abstractas en beneficio complaciente de la imagen regional sexta frente al abstracto que representa el pensar un lugar del arte. No podría explicarle a ustedes nada en absoluto a riesgo de deteriorar el mito, lo que es susceptible a una descripción analítico-grinmensico es que aún prima un arte dado en las delicadas relaciones incestuosas de la malformación del deseo magestristico literario escindido. Los invito de nuevo a caminar las calles de la Candelaria, en esta oportunidad no dejen de pisar los mogones de mierda recalentada por el sol y aromatizada por lo tecnológico.
Como la idea era alejarse rápidamente de los animales salvajes, alejarse de la huida, yo, siendo profesor universitario y doctor en artes, huí en la estampida, recorriendo lo tantas veces visto: Corrí atravesando viejas y nuevas mallas de seguridad oxidadas del nuevo museo mítico a favor de un antes y un después de la creación. En la carrera cuarta con calle once, Viviana me miró pasar con esos extraordinarios globos oculares verdes y Laura rió, pero en su risita nerviosa olvidó referirse a la dama en solitario que, escamosa, aludía a una Pereira-bandera placentaria. Quiero comentarles confidencialmente que, mientras se surtían los programas de concierto las agencias de redes en esa sala húmeda con olor a hongo amazónico, trate de arrojar por el balcón las letras y textos completos de los libros angelodesicos por no entenderlos en mi vida a salvo de las entrañas de la ignorancia. Laura, criatura inocente, volvió violentamente su rostro ante la desagradable imagen de ver a alguien vaciar sus instintos de una manera tan vulgar.
Había corrido durante dos horas y mis piernas ya no podían dar un solo paso, crucé por el puente peatonal que queda sobre la calle 26 con quinta a varias cuadras del Museo TECMIT, torné a la izquierda dejando de respirar mientras pasaba por el pasadizo de detrás del Museo de Arte Moderno, ya que el olor a mierda era insoportable, bajé las escaleras, subí otras tantas escalas y de repente me vi frente a un espectáculo maravilloso. Nunca, óigase bien, nunca había visto un ser tan extraordinario a tan pocos pasos de mí. Se trataba de un oso perezoso, el cual dormitaba en algún tronco misterioso de un retorcido árbol de siete cueros. No conozco mucho de arboles bogotanos, pero este sí porque su especia se me ha grabado con fuego en mi espíritu, debido a que durante 12 años y siete meses me dediqué a dibujar celosamente los pistilos de su flor morada. Durante esa década me vi obsesionado con el color purpura profundo, la graciosa ordenación de los pétalos articulados en un tubo cálido y amable que conduce al tallo generoso. Ahora que lo pienso, la asociación entre flor de siete cueros y oso perezoso fue lo me hizo detenerme de un jalonazo, como si dicha asociación representara, en realidad, una poderosa e inevitable advertencia ante el peligro por la inmisericorde perdida del primer acto de fe, del abandono del primer ser humano seducido por la energía museística colombiana. Al ver el oso perezoso, creí que todos los supuestos hilos invisibles entre Museo TECMIT y nosotros, no guardarían nunca más relación alguna. Si ustedes así lo prefieren pueden leer en la pagina 3 A del periódico el tiempo del día 19 de marzo de 2009 un texto de apenas dos reglones que da la razón a lo aquí escrito. En la parte inferior derecha de aquella página, escondido tras un mensaje de una universidad, se puede dilucidar que se trata de una colaboración anónima enviada al director del periódico en el cual un lector alude a la expansión del humor del sulfato de frielita en Bogotá, escuchemos, “ deber de falsa melancolía recorre la legendaria institución arte del Banco de la República, ahora penetrada en sus entrañas por la química natural ciclópea” fin de texto. Con pocas palabras, por demás enigmáticas, lapidarias y crípticas, reporta, el colaborador, un cambio, un nacimiento inevitable de lo ciclópeo, marcha del enfoque longitudinal del pensamiento.
Los animales salvajes huyen. Frase y sudoración diacrónica me hizo pensar en que, a unos pasos de allí, en medio de la modorra descubrí lo que todos dábamos por muerto y desaparecido: la carpa de circo del viejo boticario con ínfulas de artista conceptual. El boticario descuidado dejó caer con intención el frasco con el sulfato de frielita, Carmen María, Toloza y el curador de Cartagena, Ortiz creo que es su apellido, hicieron como si nada hubiera pasado a pesar que era insoportablemente ridícula la situación por la super evidencia del vaporoso elixir penetrando ropas interiores, fosas nasales, cabelleras deslumbrantes y oídos encerados. Nadie podía respirar ese ambiente. Yo, artista a lo lejos, preferí quedarme allí en la inclemencia del tiempo en el goze de una obra de arte contemporáneo, de todas maneras el impresionante oso perezoso colgado en el árbol de siete cueros en el parque nacional, continuaría provocando otras asociaciones. El olor sulfico, el color siena oscuro, la velocidad del oso bajando por el tronco, los ojos verdes, la risa, el olor a mierda humana provocó en mí el abandono premonitorio de la ficción mágica mítica de saberse cobijado en la matriz placentaria de una bandera de mal gusto, de etiqueta roñosa y pobre soporte dorado.
El oso de pelaje rojizo continuó su descenso lentamente, reacción natural cuando las ráfagas de humo y compra amorosa del otro apostaban por la dispersión del vaho cromático iridiscente. Era un oso muy peligroso, lo noté de inmediato cuando pretendió articular un gesto de asombro simulado ante las falsas religiones estéticas, todas endémicas y modernas. La mierda humana fétida organizada en precisa línea del Museo de Arte moderno nos habla de una ordenación del arte a partir del fragmento. Las deposiciones progresivas generosamente dispuestas a cada metro de distancia hacían referencia, ¿porqué no? A un juicio estético. En el puente, yo seguía atento al oso, ahora más absorto que antes puesto que, como ya lo dije antes, el impacto era la alegría por todo lo que el Museo TECMIT había generado, todo lo que había convocado en esa Bogotá pretenciosa del lenguaje. Los animales salvajes huyeron, es cierto, pero un oso perezoso se quedó atorado en el árbol de siete cueros, laberinto violeta donde no hay posibilidad sino para al ocre y el siena profundo.

Oscar Salamanca
Museo TECMIT
Director (E)

jueves 26 de marzo de 2009

EL MUSEO TECMIT, en IMAGEN REGONAL VI, Biblioteca Luís Ángel Arango


Fotografía Alvaro Hoyos

La exposición se inauguró el 13 de marzo de 2009 y estará abierta al público hasta finales de mayo, luego itinerará por algunas sedes del Banco de la República en Colombia.

para ver mas información

http://www.lablaa.org/blaavirtual/exhibiciones/imagen-regional-06/

www.lacoctelera.com/libdoherida

www.oscarsalamanca.net

jueves 16 de octubre de 2008

El museo TECMIT abre sus puertas en Pereira-Colombia

Imagenes del montaje, inaguración y festejo de la apertura de las puertas del Museo TECMIT en la exposición Imagen Regional VI en el Banco de la Republica de Pereira. La exposición estará abierta al público desde el 11 de octubre hasta el 11 de noviembre de 2008.


Oscar Salamanca, Director (E) del Museo TECMIT

Oscar Salamanca, Director (E) del Museo TECMIT









lunes 6 de octubre de 2008

Cinta propiciatoria de la caja matrística del Museo Tecmit


Un objeto de origen orgánico puro y reconciliatorio es el que cubre, a manera de superficie superior, la caja matrística. La cinta, de un metro y medio de longitud con un ancho de 10 centímetros y terminaciones nerviosas, simula la piel de una culebra y el cordón umbilical de unión uterina y placentaria. Caja y cinta ofrecen la posibilidad del regreso inicial en la figura de un embrión solitario y de excesos cromáticos, como si de repente, la esfera íntima iluminara desde adentro con luz propia y divinidad desublimada. El gesto del arte contemporáneo se encuentra en la mirada no directa, dado por el reflejo o la interferencia del artilugio metálico que, a todas luces, impide la ulterior petrificación y masificación corporal y de espíritu. El lazo de comunión y unión germinal en el nacimiento de la cinta propicia, en clara emoción ritualista, la forma básica del conjunto geodésico del pensamiento de un ser mediado por la ilusión de una imagen, materia tangible de lo etéreo y vaporoso. Por esta razón la cinta propiaciatoria emula la epidermis del animal que encarna la alianza imposible y el recorrido rastrero de lo humano intrascendente. La cinta se convierte en lo matrístico del contenedor de sentido, clausura definitiva de la experiencia del arte y la vinculación portentosa y protervica de la vida. La naturaleza normalizada por el apropiacionismo de la simulación genera y re-crea el nuevo evangelio renovado, el quinto evangelio tantas veces repasado en el aprendizaje nocturno de la huida. Así las cosas, la naturaleza no pertenece a los discursos ocultos de la caja de oro nostálgico, donde en el paradigma escindido de lo ético y moral en el arte hoy, echa a andar una intrincada maquinaria bélica de asociaciones conceptuales y procesos tecnológicos generacionales. Sí, nos encontramos ad portas de una eventual manifestación tretramórfica que exhala la pútrida representación de lo humano trascendido en la imagen de la madre única y vigorosa en constante acto de restricción metafórica. Solo basta el gesto arte del despojo sagrado ¿qué he de trascender cuando lo real reduzca el enlucido mítico de la zozobra al relicario poliédrico de la matriz de creación paralógica? ¿Cuál ha de ser la dirección de la mirada petrificadota del animal centelleante en la mar nebulosa del intersticio abyecto revelado al nacimiento ontológico? La respuesta se encuentra, de nuevo y evidentemente, en la obra de arte. No obstante los poderes del vacío y el horror por el lenguaje de la obra de arte, los estudios de la academia continúan el camino de la interpretación y la trasmisión seguros de contener el recorrido gestual y el decaimiento de la cansada expresión hasta su desaparición en el laboratorio científico propio de lo sensible fustigado por la banalidad del discurso.
La lengua producirá tantos desvarios propiciatorios como mensajes ocultos guarda la caja matrística, pero ello, nos referimos como curadores del Museo de la mala nueva, convocará el sustrato emocional subjetivo del creador sin sentido, ya que el fin buscará la cuerda como un interminable suicidio del inmenso reloj del tiempo universal guardado celosamente, como quien teme a la fuga irremediable del mal y la sabiduría. El arte renueva el pacto religante que la cinta madre propiciatoria da a nuevos comienzos y viejas muertes tantas veces vividas.

jueves 2 de octubre de 2008

polígono para la creación del Museo TECMIT

Polígono red paralógico de creación del Museo Tecmit (mítico, tecnológico y de arte contemporáneo de la ciudad de Pereira-Colombia)

La estructura de interconexión creativa se encuentra representada por un polígono compuesto por un módulo de repetición dado en una figura rectángulo que gira sobre un eje imaginario, en donde la corporalidad y fuerza del rectángulo se hace evidente en la rigidez limítrofe de su línea de contorno, así como por las sucesivas transformaciones armónicas de posición, reducción de velocidad e imagen fragmentaria.
Precisamente sobre la fragmentación del movimiento rotatorio, se determinan futuras etapas de construcción geo-conceptual propias de un proceso de creación artística independiente del medio o traslación matérica. La creación, por tanto, se entiende en el sistema de red polígonométrica como un escalonamiento neurológico-técnico heredero del circuito de punto ejexial promulgado por Giotto en los frescos de la Cúpula de San Pablo en Ravena. El arte contemporáneo utiliza hábilmente este intrincado y complejo circuito de asociaciones teoréticas pero aplicado cíclico en la medida que aborda la invisibilidad del inscripto.
La mecánica, al parecer, es simple si tenemos en cuenta las profundidades equinocciales del sistema, un resultado, a todas luces, derivado de lo tecnológico, debido a que el paradigma moderno se ve escindido por una tecnología al servicio de una lógica con sustrato en el mito embrionario. Es aquí cuando la metáfora del recorte del mundo producto de film cinematográfico se dirige directamente a la negación del nacimiento, del inicio social. En este no-objeto o no-lugar identitario del conocimiento, la creación implica actos deliberados, o reflexiones discursivas sin fundamento sólido, pues no se halla anclado en el referente histórico o sagrado. Así las cosas, tenemos que el polígono es un mapa o ruta organizada en una red de interrelaciones infinitas pero circulares por fuera del lenguaje y la concepción errónea del espacio del arte independiente a la institución museística.
Toda red paralógica plantea desde su inicio el trauma, lo que ocurre en el polígono de creación del Museo Tecmit, es que el dibujo, originado en el trauma primero, se representa desde el paradigma de la creación como un verbo autodefensable por su misma naturaleza instrumental del pensamiento. Lo que se quiere establecer, es que cualquier acto de creación no enmarcado en el juego sistémico de la redes puede generar alejamiento de sentido y retracción hacía la imagen patrística. Lo anterior desafía abiertamente la filosofía hermenéutica matrística, al destruir el nicho del amor protección uterina. En esta nueva red paralógica de creación propuesta por el Museo Tecmit, y que apoyan los académicos y estetas de literatura magistrística, el componente principal son los aspectos paraliterarios hieráticos del pensamiento disidente. Como es evidente, el polígono presenta estados o momentos de resistencia frente al modelo del erudito pasional promulgado en el arte romántico y ya discernido suficientemente por la tradición cínica crítica socrática hasta nuestros días. Para ilustrar la decadencia de una abstrusa dinámica de la ubicación fantástica consónica, baste con citar la pedagogía del arte, el juego multirepresentacional y los procesos de memoriación biológicos expresionistas del yo enhiesto: es decadente en la medida que no refleja apropiadamente el apriori del protoescenario placentario, visible, desde lo táctil, en la textura adintra de la creación.
Si observamos con atención el movimiento circular del polígono encontraremos los lazos de intercomunicación de trasmisiones que van del intersticio hacia la liberación de lo abyecto por el trauma hecho público. Con todo, los objetivos misionales y la visión proyectiva paralógica de la red de creación, guardan coherencia con la naturaleza disangelica placentaria, a todas luces, una nueva materia subsumible del arte contemporáneo.
El polígono red paralógico de creación se da por la interrelación de los siguientes elementos:
1. Tecnología
2. Mitología embrionaria
3. Arte contemporáneo onto”don”tológico
4. Universalidad
5. Dibujo autodefensable
6. Hermenéutica matrística
7. Comunidad de lo incómodo
8. Literatura magistrística
9. Discernimiento crítico-cínico
10. Fantasía conceptual consónica
11. Anti-expresionismo
12. Memoriación biológica experiencial
13. Resistencia a-pedagógica artística adintra
14. Imagen del “YO” enhiesto
15. Misión-visión disangélica
16. Creación placentaria
17. Lanza vanguardística prístina
18. Flexibilidad telúrica antropocéntrica
19. Destrucción de la autoridad del NO
20. Ritmo cíclico a-histórico
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