miércoles 5 de octubre de 2011

EVIDENCIA DE LA PRESENCIA DE UN GNOSEOLO EN LA EXCAVACIÓN DEL MUSEO MÍTICO, TECNOLÓGICO Y DE ARTE CONTEMPORÁNEO, MUSEO TECMIT, DE LA CIUDAD DE PEREIRA

Una esterilla, un par de guantes desgastados de tanto atajar sensaciones, una gran tijera de tres orejas finamente pulimentadas, una gafas de búsqueda subterránea, se presentan ahora como superfluas pruebas frente a la evidencia de un gran suceso antropológico resultado de las últimas excavaciones en el ala derecha del Museo Tecmit.

Desde hace ya varios meses se han iniciado profundas perforaciones en la tierra rojiza de lo que otrora fuera una zona ceremonial y sagrada de antiguas civilizaciones en la región occidental de Colombia. Debido a la cantidad de cavernas subterráneas y galerías de rico cuarzo pirítico ha sido ardua la labor de las máquinas, ingenieros y obreros capacitados, principalmente, en el reconocimiento de restos arqueológicos desde perspectivas estético-prácticas, para penetrar la dureza de la roca.
Las perforaciones de apenas 38 cm cuadrados de área y más de 128 metros de profundidad han evidenciado la presencia de fragmentos de piezas cerámicas del periodo contuplecente medio, tiempo socio histórica donde florecieron ciudadelas dedicadas a la explotación de "cores" , herramientas pulimentadas para el tratamiento de cortezas pluvicas rescatadas de organismos iridiscentes constantes, de allí su nombre cuyo significado proviene de Koresis , deidad fálica pre-chibcha.


Panorámica del cuadrante 35 en el momento del rescate de piezas cerámicas del periodo contuplecente medio en la parte aledaña al Museo Tecmit de la ciudad de Pereira, Colombia, junio 3 de 2011. Obsérvese el auditor obeso de casco blanco el cual no sale del asombro y la expectación por el fenomenal hallazgo universitario.

Los restos de cerámica extraídos se encuentran en el laboratorio de arqueología del Museo con la intención de someterlos a varias pruebas de resistencia de fuerza y contención estético, ya que, en realidad, la calidad del material cerámico, expuesto y el modelado casi heroico hace pensar en representaciones de carácter idoéticos conectores, así como en tableros de escritura filoinforme tecnoartística básica.

Dentro de la experiencia excavatoria cabe señalar el cuidado de la Institución ha procurado por la debida documentación y catalogación exhaustiva con ánimo de construir un archivo completo que de cuenta a futuras generaciones de la importancia de las culturas asentadas en esta zona del actual departamento de Risaralda. Es así como las múltiples salas de exhibición antropocéntricas pedago-artísticas con que cuenta el extraordinario y hasta ahora inigualable Museo Mítico, Antropológico y de Arte Contemporáneo, los visitantes se ven sorprendidos por técnicas de investigación, no sólo museal, sino literarias y de creación maestrísticas producto de la actividad investigativa artística tecnológica desde mecánicas técnicas y laboratorios conceptuales alejados de la unicidad en la noción de arte, filosofía y los conceptos humanísticos, poco convenientes, al parecer, para un pensamiento práctico donde el conocimiento científico se privilegia frente a un conocimiento sensible expresivo. ¿qué significa lo humano sensible creativo en el paradigma de producción del conocimiento contemporáneo?

Podemos comentar con toda libertad que se ha cometido un grave error arqueológico museístico al pretender expandir el Museo en el actual estado de las cosas, máxime si tenemos en cuenta que, poco a poco, la Institución madre ha venido desplazando conceptualmente la organicidad fundamental del Museo hacia una total invisibilidad de lo "humano" falsamente confundido con "humanismo" , creación inconveniente traducida como investigación y universidad erróneamente contemplada como escenario de actuación de administradores y auditores , tecnócratas de la educación, quienes cada vez se apoderan aún más de ella y se alejan de lo académico como fin en sí mismo.

Representa un error también el hecho de conseguir fortalecer la Sala antropocéntrica en el nuevo proyecto de ampliación del Museo, por cuanto cada rescate del yacimiento " denominado planteación" será rígidamente documentado dentro de parámetros cientificistas y no de aporte cultural o sensible humano creativo, incluso artístico o estético. En nuestra opinión, el archivo es necesario y urgente y debe quedar consignado en la estructura física del órgano de difusión cultural, pero habrá que cuidar la esencia mítica, trascendental y relacionar de su accionar tanto objetual como simbólico en la emisión%96transmisión del signo.

Las bases que ya comienzan a fundamentar el "bloque", como se le conoce popularmente a la nueva sede anexa del Museo, armarán espacios amplios y expositivos que a su vez permitirán, sin duda alguna, ofrecer un alternativa de recorrido esencial dentro de marcos expositivos contemporáneos, sintonizados con la Misión del Museo Tecmit. No obstante lo anterior "el bloque" a su vez se convertirá en una plataforma de escenario tecnológico, donde lo mítico se compondrá de dendritas abstrusas, representación desarticuladas, dispersas dentro del mundo inmenso del conocimiento antropológico y biológico del Campus.

DESCUBRIMIENTO DEL GNOSEOLO

Cabe resaltar que las imágenes captadas del interior de la tierra por biosistomas refleja la presencia de una extraña formación mineral en el cuadrante 35. La forma de carácter irregular tiene una dimensión de 46 metros cuadrados, pero lo curioso y la vez maravilloso es que se encuentra en constante movimiento, lo que produce movimientos telúricos y emanación de gases tóxicos. Por la forma y consistencia interna, los arqueólogos del centro de documentación arquitrónicos del Museo, han podido determinar que la mancha detectada, la figura informe, corresponde a un GNOSEOLO, un gnoseologo nuestro , figura perteneciente al imaginario popular inexistente.
La imagen es contundente: se trata de un esqueleto fórbido perteneciente a un ser mítico animal fuertemente fabulado en la crónica indígena , colonial y contemporánea.
Parte de las historias cotidianas del pereirano hablan acerca de este ente o ser mítico, fuerza de la tierra, mezcla de historias tantas veces transitadas, pero siempre desde la desconfianza o la incredibilidad. Ahora, con estas evidencias tan fácticas, contundentes, la figura del gnoseolo ( en clave universidad tecnológica y artística contemporánea) se revela como el acontecimiento intelectual del momento y con toda seguridad con el tiempo será el referente identitario del estamento, la región y el país. Basta con imaginar una figura sublime dominada por una gran boca de reciclaje cultural por demás académico, un devorador de conocimiento indiscriminado que le garantizará a la sociedad el sentido en términos generales y su justificación de ser.

En la tradición oral de los pereiranos se recoge la existencia desde hace años de una figura errante con forma animal carente de extremidades, solo abdomen, el cual rueda, salta, se flexiona y rebota con su abultado estomago pero también con sus tres falsos pechos, membranas de carne imberbe que hacen de la cabeza una masa insignificante desde donde emerge su exagerada boca dentada. La cabeza igualmente se reduce por efecto de una extraña y deforme nariz mas pequeña que la boca pero poblada de pelos oscuros y mocosos del diámetro de una moneda de 50 pesos (centímetro y medio) por 4 metros de largo que la convierten en un algo nefasto, grotesco y temeroso. No quisiera encontrarme hoy con un gnoseolo, lo confieso.

El gnoseolo se desplazaba por inercia gravitacional y en las partes ascendentes su boca funcionaba como una potente palanca de arrastre capaz de destrozar a su paso árboles, piedras y montículos. Por esta capacidad arrasadora y su conocimiento de la composición de la casi totalidad de elementos naturales, científicos, tecnológicos, míticos y artísticos, adquirió su nombre.

Con las imágenes captadas en el cuadrante 35 se dio inicio a la correspondiente excavación auditada por reconocidas personalidades del mundo de la academia, la fe y el entorno artístico local.

Se retiraron cerca de 50 toneladas de cuarzo rojizo, pirita, tierra amarilla, una aleación de cobalto nutrido y capas de humos solidificados. También fue posible el encapsulamiento de 890 litros cúbicos de gas neutrociénico, cuya capacidad transformadora de energía supera al gas propano en fuerza instalativa y capacidad regeneradora biología del medio ambiente, aunque basta una exposición de un milicubo para detonar ideas en campo estéril.

Justo antes de tener contacto con el esqueleto, se evidenció la existencia de un anillo escultórico conformado por vasos rituales de uso ceremonial bien conservados por la capa de ceniza volcánica envolvente.


Escultura utilitaria del entorno gnoseológico encontrada en el yacimiento del cuadrante 35 del Museo Tecmit, agosto 23 de 2011, Pereira, Colombia


Varias de las figuras representan lo más dramático del personaje mítico centrado en la boca como origen y final de su esencia devoradora del conocimiento, como si aprender sobre el mundo se trata de consumírselo literalmente.

Entonces tenemos los dientes, como con el niño cíclope el ojo, eje principal sobre el cual se apoyó la construcción de una fabula con influencia contemporánea.
La risa, los dientes, la gesticulación, la capacidad devoradora, el consumo, esa irónica pretensión cultural por el acontecimiento estético.

El gnoseolo informe no necesita extremidades solo boca, alegoría de antropofagismo artístico y tecnológico, sin categorías su caminar es solitario y autosuficiente.

miércoles 11 de mayo de 2011

El paisaje del Dr. Brietes en la colección del Museo Tecmit, eje central de emanación y transmisión.


Esquemas básicos de los paisajes: Izquierda, Dr. Brietes. Derecha, Oscar Salamanca


Ya llevo años en esta situación, no sé hasta qué punto podré aguantar el desbarajuste de aconteceres y devenires siempre bajo el influjo de tu carácter. Hasta ayer, la mirada robusta del animal de carga en que se convirtió tu amante no dejaba en paz vagina alguna y más aún, vaginas con aroma virginal, muy escasas de condición en estas tierras. Me acuerdo con profundidad de termita en rabioso apareamiento que ese día el sol pretendía escaldar nuestras espaldas como si fuera su último propósito de rey viejo en esto que hemos denominado la trasmisión. Como hacía harto calor nos desviamos magníficamente por entre los arbustos, única salida inteligente para burlar la incandescencia terminal del sol viejo y mañoso.

Así, viajando por entre las sombras, fuimos despistando las ahora escuálidas fulguraciones con juegos y saltos por demás divertidos a pesar de la prohibición de la alegría auto impuesta por las edades. Acuérdate Ángela, no lo repetiré de nuevo, a menos que intervenga una bella suplica y el amor del beso a mi falo, erguido, orgulloso y decidido. Acuérdate que antes de empezar el gran camino de peregrinación, lanzamos una triste promesa al aíre enrarecido de beatería cuando entre los dos comprendimos posibilidades para nosotros por fuera del sexo arrebatado que ahora nos ofrecemos como salida efectiva cuando las pieles, me refiero, nuestras pieles se han convertido en rejas inviables para el cuerpo.

Cada vez que avanzábamos por la estrechez del camino cubierto de limoneros y aguacates domesticados por plataneras cargadas de miseria y arañas de colores iridiscentes, nos acercábamos al origen del sonido fuerte, recio y temeroso de un rio caudaloso al otro lado de la empinada cuesta llamada por propios y extraños, la cuesta del culo roto. El barbarismo de la palabra soez, me dio mucha risa, y no solo a mí, sino a ti querida Ángela, pintora de mentiras e insalubres óleos. Hay que ver los fantásticos mapas roñosos que creabas como superficies pictóricas corroídas de pobre caricatura literaria. El culo roto se convirtió en conversación por un rato mientras poco a poco íbamos recuperando el camino compuesto por huellas inteligibles en la espesura de una selva baja y húmeda. Es así como en los primeros metros parecía una terrible estupidez abordar el tema del culo roto cuando, en efecto, una veces tu y otras yo, nuestros culos físicamente caían a ese suelo terroso, inundado de barro fresco por las lluvias recientes, pero también habitados por miles de hormigas de varios colores y sed de venganza contra los hombres culpables, sin lugar a dudas, de la bajeza de su mundo ciego y cavernoso. Como ven amigos, la gravedad no entendía razones de culos limpios si al final del esfuerzo en la colina del culo roto ellos – los otros- volvían sobre sí en un contorneo de glúteos y sudoraciones sospechosamente enunciadoras de peores catástrofes.

Me pregunto ahora ¿por qué relaciono el carácter con el culo roto y la desesperación por reconocer una depresión temprana? Entiendo que la pregunta no ha lugar por ser extremadamente mamerta o intelectual, ambas acepciones en una pues al final viene siendo lo mismo. Además mis últimas lecturas, antes de aceptar la carga de venir a la selva corta cerca del rio pegado a Pereira, exploraban, como se suele decir en términos investigativos creativos, la naturaleza esferologica en la casi totalidad de aspectos de vida. Fue entonces cuando comprendí que un culo roto a mitad de camino al rio para hacer “paisaje” en realidad tocaba de manera directa un problema más allá de lo humano y anterior a lo moderno, si tenemos en cuenta que hace falta un centro de referencia.

En un dibujo al carboncillo posterior, fechado y firmado, pensé en el centro de referencia, o mejor, pensé que el problema de la esfera, o mejor, que la esfera, círculo muchas veces intangible y sus bordes invisibles, se presentaban ante mi como un fenómeno que, lejos de parecernos una sublimidad cualquiera resulta de interés, ya que la intangibilidad en ese orden obedece a la ausencia de centro desde el cual establecer todas las tenciones. Tal como ha quedado explicado y creo que se entiende, el centro no puede ser en absoluto el icono o la sabiduría pre estructural macinista ( de Macino Felicio, escriba romano siglo III) propuesta por el logo antropológico del Museo Tecmit, sino que el centro como entidad rectora se mueve libremente entre las virtualidades del arte. Por este motivo el dibujo al carboncillo planteó sutilmente, sin perder el aura de misterio, algunas claves logradas por el empleo de la línea cargada de simbología, como dijimos arriba sobre o supra humano a la vez reaccionaria de lo moderno. Pude comprender amada Ángela que tu cuerpo sucio por la exterioridad del accidente provocado y la erección de mi pene conjugaban bajo ritmos de naturaleza cuya función comenzaba a tener sentido en el signo de lo relacional.

El centro invisible lo encarnó, nunca mejor dicho, la encarnación sudorosa de mi pene viril, color rosa y brillantez fluídica, en donde los límites externos de la circularidad creaban, como lo crea un retrato al óleo de carácter academicista, una relación. Con esta evidencia construí un camino al rio erguido de nuevas plantas, piedras fuertes donde las reconocí débiles y huidizas, agua, tronco roto, peces, alguna que otra ave muerta arrastrada por la corriente del rio.

Tu y yo haciendo el amor entre juncos mal amados llenos de espinas escrutadoras de dolor, mi centro dentro de tu esferidad, los caminos convergían con renovado sentido en aras del paisaje apresurado cargado de lluvia y malhumor, era hora de descansar y tú lo sabias.

Todo lo que ocurrió luego aparece y puede ser consultado fácilmente, existe un paisaje, un carboncillo, parte de materiales de pintura desgastados, muy poco amarillo, ausencia total de blanco, azul cerúleo sin destapar, rojos bermellón y de cadmio rivales de violetas, negros profundos, otros desleídos, pero entre todos, el amarillo ocre se impuso con su pretensión de limpieza cuando la suciedad en la pintura se torna incontrolable.

Las personas que viven en el camino que conduce al rio todas guardaron silencio y respeto, ya que no es fácil andar esta vía, otrora camino real y antes camino de indígenas explotadores de sal en el rio Consota. La gente dueña del nombre de la cuesta de culo roto también llamó a este sitio el Salao de Consotá, oro en aquellas épocas pero riqueza infeliz de la tierra actual, ya que de nada sirvieron las premoniciones relacionales de un centro articulado en el pene erecto sin condiciones gráficas de otras nuevas circularidades y relaciones: mi pene erecto gobernaba una circularidad del arte, pene como fuente emanadora de paisaje configura con todo el poder de la plástica multitudinales enlaces de trasmisión. Pene y Museo Tecmit, fuerzas centrales de relación creadora. Si me indagan, si me presionan con preguntas, podría comentar de la existencia de un extraño animal de la zona, visible en épocas de relación complejas y en desorden. Cada vez las evidencias de estas nuevas asociaciones dejan como saldo avistamientos peligrosos con la animalidad suelta, mezcla de sal, rio, muerte desdeñada, semen, violación y soledad.

Precisamente, justo cuando quise violarte Ángela con una dosis bien repartida de crueldad y violencia inusitada, mi cuerpo y mi mente ya habían avanzado en el horror y la vergüenza, tanto que pude leer los acontecimientos e intentos por abandonarlo todo, inclusive lo que más pudo unirnos nunca: el paisaje.
Afortunadamente no te violé, por qué de qué manera podría volver a mirarte en la fila de la cafetería mientras esperas tu turno para comprar un bocadillo con alguna bebida clara, no espumosa. Pero también hay que considerar cómo olvidar la imagen de tu tierno pezón rosado, pequeño, delicado, visible e invisible cada vez que tu te inclinabas frente a mi, a veces con la excusa del suelo resbaloso, otra simplemente para señalarme la belleza erótica de una mariposa jugueteando con tu sexo.

De todas formas el paisaje pintado en medio de aquella extenuante jornada de trabajo artístico se encuentra concluido y hoy pende de una triste pared de pasillo mal iluminada en el edificio donde vivo. Cada vez que paso cerca de él no puedo dejar de pensar en la procura de sentido por la relación de un eje central y diversos círculos o esferas de influencia. Lo que ocurre es que ya ese poder trasmisor inicial, potente, parece ser que ha quedado confinado en una vieja cuadratura expositiva del Museo Tecmit ¿Por qué sigue interviniendo con esa fuerza bruta inusitada el Museo de Arte Tecnológico y contemporáneo en las decisiones del paisaje, el sexo y la violencia? No existe otra respuesta diferente a la tradición desafortunada, al fin y al cabo el extraño Museo que conserva arte quimbayoide mezclado de contemporaneidad tecnológica artística ha encontrado en nuestras vidas la forma de pertenecer, por una parte a través del juego de relaciones de trasmisión ya suficientemente descrito y por otra parte ofreciendo soluciones baratas en aconteceres futuros con todo el flujo de contradicciones y pensamientos inocuos.

De hecho el paisaje ideal construido con óleo de resinas de arboles extintos y aceites secantes claros cocinados lentamente al sol - ese sol de nuevo, incandescente, intenso-, con imágenes de naturalezas, faunas y floras vernáculas en medio de parajes imaginarios, cargados de abundancia y exotismo que seducen la piel carcelaria con sudoraciones extenuantes, han sido custodiados, no ahora, sino desde siempre, en el museo fabuloso. Así las cosas en el Museo existe aquella colección prohibida para el ojo no experto, prohibida y cuidada del ojo del no conocedor. En su interior se puede apreciar piezas con valor inigualable en calidad pero también por sus extrañas naturalezas y comportamientos. En medio de los objetos pertenecientes a esta colección aparecen diferentes paisajes del estudioso en ciencia paralela de creación estético embrionario, el conde Rodolfo Brietes, un alemán añejo y trajinado en viajes de todo tipo que sobrevivió en Pereira enseñando la lengua de los menonitas. Del estudioso, artista y científico se comenta que sus clases consistían en la demostración científica del paisaje como forma de relación epidural dentro de un área dérmica, calurosa y creada de la idea de lo natural a partir de instrumentos y prácticas de laboratorios en extremo exigentes y disciplinados. No se había visto algo parecido en la enseñanza de las artes y oficios, pero el sistema funcionó y creo que sigue funcionando como un paradigma fenomenológico, aún hoy en la escuela de artes de Pereira. Siempre se considera sano que al lector se le ofrezcan ejemplos concretos para facilitar la comprensión de lo tratado, por ello debo hacer mención de un paisaje en particular del Dr. Brietes conservado en el Museo Tecmit. Se trata de un óleo titulado “vista antropoeloíca del cimiento 343 del Museo Tecmit, excurso” y tiene número de estantería S-504 –Q de la colección objetos cienfílicos estéticos (Maestría). El paisaje, desde su análisis formal representa un horizonte marcado por una extensa llanura recortada sobre un atardecer rojizo muy intenso. A simple vista la obra se enmarca en la pintura de caballete europea barroca o incluso, siendo muy arriesgados en afirmarlo, romántica, claro, ésta última conexión temporal surge de otros análisis posteriores ya dentro de marcos filológicos y tecnológicos de la obra artística, debido a que el romántico como estilo de pensamiento produce en el siquismo humano una suerte de reacciones químicas y físicas inexplicables pero profundas y radicales.

La economía de elementos utilizados en la pintura de paisaje del científico frente a la riqueza metafórica del título hace que el espectador se detenga y realice la operación conceptual propuesta. Uno se pregunta cuál es la forma antropoeloíca si en realidad lo único que aparece representado es un horizonte recortado con escasa -valga la pena mencionarlo- vegetación. Otra inquietud surge cuando el título sugiere un cimiento del Museo Tecmit. Es cierto que el Museo se encuentra ubicado cerca de la Facultad de Bellas artes y Humanidades de lo que hoy son los predios de la Universidad Tecnológica de Pereira, pero ninguna referencia a columna o cimiento alguno se denota de la observación atenta del viejo óleo; incluso los análisis se han realizado con instrumentos ópticos de última tecnología sin arrojar resultados positivos de la existencia de dichos vestigios culturales en el paisaje. La última palabra del título, les recuerdo “ex - curso” solo alude a su desprendimiento del rigor de la cotidianidad, fuera de curso, sin curso, sacado del curso, independencia del curso o moda. No obstante la incapacidad por ver los elementos antropoeloícos de la pintura de formato apaisado A-12-34 europeo, ella plantea de manera clara y detallada a lo que alude. Miremos, en principio lo que se representa es un paisaje del atardecer pintado desde parámetros academicistas tradicionales occidentales, es decir, no se trata de una pintura simbolista ni expresionista, sino de una pintura altamente figurativa y si se quiere descriptiva donde interviene también un enfoque costumbrista, quizás por la fascinación del Dr. Brietes por la cultura pereirana, tan rica en diversidad e ingenuidad. Si la persona observa detenidamente el paisaje sin distraer la mirada fuera de su formato durante 5 minutos comienza a tener sentido lo enunciado por el título, ya que poco a poco se va visualizando un foco de luz justo en la línea de corte entre el cielo y la tierra. Este rayo luminoso se va haciendo cada vez más fuerte hasta llegar a inundar toda la composición de la obra.

Es entonces cuando el sistema propuesto por el Dr. Brietes se instala en nuestra percepción por efecto de estímulos visuales cinéticos propios del proceso de creación epidural dentro de un área dérmica. En conclusión el foco de luz en la pintura al óleo invisible superficialmente, se convierte en centro de radiación comparable con la emisión de rayos salvíficos- clave de transmisión- de tal forma que centro de emanación se traduce en eje hipo para la creación de relación con lo esférico, en mi paisaje, pene centro y en el paisaje del científico alemán, sol.

martes 22 de marzo de 2011

Galeria Sisben, proyecto del Museo Tecmit en el Museo de Arte de Pereira en Colombia


Imagen de paisaje psicogeográfico. Autor: Galería Sisben.

El próximo jueves 31 de marzo de 2011 se realizará sin permiso en el Museo de Arte de Pereira la socialización de la galería Sisben, un espacio de apropiación.
En este escenario expositivo se ha proyectado la reja metálica y la cruda arcilla resinosa por la palma cerosa algunos dispositivos que sirven de soporte para la obra bidimensional de registro de acontecimientos variados de arte o el entorno artístico tecnológico apropiado para el desarrollo de acciones o eventos arte.
El Museo Tecmit influye en la región desde dos lineamientos de creación para la investigación, a saber, declive argonovisal a 30 grados describiendo la pendiente telúrica del museo de Arte de Pereira, lugar en declive psicogeográfico y encuentro de emisión irénico. Sobre esto último ya existen diversos pronunciamientos, en particular rescatamos de la cartilla proyecto editorial arte el comentario del beato Rigoberto (siglo XII, abadía Conceles, alto pirineo francés, de idioma Catalán cerrado) . Dice el beato F, o , Rigoberto F, dos de las formas como mejor se le conoce luego de desafiar la vertiente longitudinal que marca los 3 grados norte occidente de la cúpula crítica arte generacional ubicada en el ala norte del edificio mítico Museo tecnológico y de arte contemporáneo de la Universidad Tecnológica de Pereira en Colombia, “ resumidas las cuentas, ahora se presenta el momento de participar en algo que produzca sentido: hielo en sangre roja de pollo mancillado, comensal salubre y ala ganadora de exiguos libros sin nombre”.
La Galería Sisben sólo utiliza los espacios con sus significados, nada más. Ahora el Museo F, de fisicidad creíble emula la amistad como principio o gesto de curaduría. Queda en algo incierto el principio social que se debate o la función relacional de la directriz del escenario apropiado para la memoria inmediata. Por supuesto no entraremos a debatir el por qué de la función del arte para la gente, no tanto para el público, ya que, así como bien lo enuncia crípticamente Rigoberto F de lo que se trata es de participar en un “algo” que produzca sentido.
El Museo Tecmit propuso no hace mucho tiempo una acción de reconocimiento de lo social dado en la participación, también con la triste premisa de encontrar sentido. Nos preguntamos que el hielo en sangre roja dictaminado con superbia por el literato beatificado F ya debió, en su momento de tención crítica, inscribir a una buena profundidad ese pasado inmediato de que habla la crítica curadora Rosa Angel en su ya famoso y citado libro sobre las recetas para ganar enemigos con facilidad. ¿Por qué de repente ahora todo debe procurar sentido? Al parecer, no podemos alejarnos, por lo menos conscientemente del sentido, ya que inevitablemente caeríamos en un lugar neutralizado gris, por no decir gris magnantina, único vestigio de color fulgurante extraído de los moscardones coléricos que merodean lastimeramente el prisma de cristal del museo Tecmit en épocas de lluvias y mierda humana.
He pretendido alejarme del sentido, no lo voy a negar, ahora que ya entiendo mi papel en el cuadrilátero donde pelea el enfermo mental reconocido por sí mismo en el reflejo y el asesino de padres y violadores de madres. No, no lo voy a negar a pesar del durísimo prólogo del libro de los encierros publicado por la exigua y pobre anterrectoría roja (corte vicérricas del anonimato y la limosna). Allí, en ese texto lamentable en referencias metafóricas, encontramos retratos de elegantes señores ingenieros sedientos de cuadros grandes y llamativos, un tanto inseguros de querer en sus casas imágenes con sangre o babas de galanes jóvenes e inexpertos en el manejo de la diplomacia. Todo esto nos lleva, increíblemente, al sentido ya que, como vemos, se procura una creación y con ella un abandonarse tranquilo sobre arenas inseguras. En otras palabras el sentido consiste en ser serio.
La galería Sisben no ostenta permiso alguno para generar un evento de apertura de sí misma en una institución arte. De hecho, la galería Sisben cuenta con ese no contar con permiso para accionarse, ya que cumple a cabalidad su mecánica de funcionamiento mediado en la manifestación clara y directa de un propósito. Aquellos que deseen participar pueden allegar el día 31 de marzo una obra MAESTRA o en camino para alcanzar su maestría de creación estética, para ser representada y exhibida en el espacio de la galería, que a todas luces, es un espacio apropiado temporalmente. El Museo Tecmit simplemente podría no hacer nada, pero el sentido fuerza al grupo curatorial y de gestión "cultura de pasado inmediato" a hacer algo, con el objeto de continuar transmitiendo una voz, un estado, una situación en contexto, fuera del Museo de Arte de Pereira pero substancialmente pertinaz y dentro del nutriente mítico conceptual del Museo Tecmit y su espacio de proyectos galería Sisben.
Varios literatos profesionales han llamado la atención sobre aspectos meramente formales acerca del proceso de convocatoria y el uso de publicidad con algún dejo de engaño, pero las pruebas objetivas acusatorias fácilmente perdieron su efectividad cuando la producción del otro sentido, esta vez, sentido del arte a secas, nos arrojaba hacía la bahía estéril de la institución arte fuertemente atacada con puños arte por Salsita.
El sentido entonces, además de consistir en ser un artista serio, tiene que ver con la profesionalidad artística del fabricar barquitos de papel mientras se labora, quizá como una bondad más de los archivos enmohecidos y algunos calcinados que reposan en los viejos anaqueles empotrados de la fuente energética del Museo del niño cíclope. Los barquitos lograrán la participación y la relación afanosamente convocada en tiempos de carestía y cansancio también ideológico, independiente del gusto o la muerta cultura.
La clave de todo este asunto galerístico y de proyección social, tiene que ver con la tarea enunciativa e iniciática del vestigio fósil argumentado en extrañas filosofías clavijeras entre quebradas donde el profesor chamán salsita y púgil nada pueden ya satisfacer: nos encontramos en las manos de la ignorancia.

viernes 8 de mayo de 2009

carta desde el Galeras





Hola Maestro Oscar:
Resumen:
Aquí unas imágenes apócrifas que me llegaron de la metida de mano al ciclope y de una arqueología sin permiso.
Verifique, y las huellas fueron borradas. La sangre mancho un poco el verde de la bandera.
Una rata mordisqueó el festón. Se recomienda pomada Brasso o ceniza de pucho para el cobre del asta.
No hay fotos de la reconstrucción.......!!CHITE!! dijeron...
El cráneo empezó a oler mal en esa pecera. Hay un hueso de pollo extra en la otra caja. Se hallo una puntilla de dos pulgadas marca Atlas, una uña de pulgar, dos pelos ensortijados púbicos, una aguja, hilo seda, y raspadura de yeso la Roca.
En el vidrio tres afiches formaban el 666 Imag. Reg. Por dios bendito!!
La investigación se archiva. No ha lugar a denuncias ni recompensas. No hubo informantes ni video de registro.
Negativo para marca registrada. Las configuraciones Oseas no presentan alteraciones.
La sangre no esta infectada y es OH!! positivo. Dr Gross.
Muestra de saliva: negativo para virus porcino.
Del video al video: falla de origen- X resolución. Vector 132, pixelada.
!Chite!!!: clasificar imágenes en la carpeta de los censurados.

Saludos.
Dioscorides desde El Galeras en Pasto.

domingo 19 de abril de 2009

El Museo TECMIT sustrae la pintura rosa de la Casa Republicana, el origen narcisista del inicio.


En un extraordinario registro fotográfico aparecen de Izquierda a Derecha José Orlando Salgado, Pablo Acosta Lemus y Ricardo Arcos Palma. Fuente: Red social virtual
El Museo TECMIT sustrae la pintura rosa de la Casa Republicana
El origen narcisista del inicio
El entramado acústico de una pintura color rosa en las paredes subyacentes al viejo edificio republicano terminaron ese día de configurar una de las piezas de criticismo más voraces de las que el grupo de conocedores del arte bogotano haya tenido presente.
Una grieta con el insalubre olor a amapola verde y ramo de flores mortuorias, rojas, lánguidas, acompañó la alegre alusión fantástica de saberse culto en el descampado conceptual del entorno artístico. Salgado, aquel hombre a punto de desfallecer, alto y deliciosamente escuálido, anotó en el libro de apuntes que siempre guarda bajo el brazo un breve párrafo acerca del desplante que le produjo el saberse por fuera del evento arte del Museo, todo por la dureza y necesidad del lenguaje. Salgado, artista resistente y marginado por nosotros mismos, sus amigos, recorrió tristemente las salas y escenarios expositivos en esta ciudad también triste del Museo TECMIT , con el aliento extraño que produce la tristeza de la marginación y el desengaño. En un momento de desasosiego el artista Salgado mirando los cerros de Bogotá pensó “He recorrido parte de la vieja Europa consciente de que mi búsqueda no era sino la debilidad por el síntoma del lenguaje, no obstante mi periplo fui traicionado, no obstante la traición fui mezquino” ¡Salgado hace parte del arte contemporáneo! Lo digo fácilmente porque es fácil para alguien como yo decirlo con una risita desgastada y escupiendo el retrato desgastado de F. Toledo experto en desolles aburridos de literatura desgastada que a nadie interesa, bodegones sin luz; otra tristeza adicional, pobre y triste Salamanca.
De camino hacia la casa republicana, el color rosado brilla hoy con una fuerza reluciente en la autoafirmación, es como si, de repente, se volcara tras de mí un halo fluorescente de esquirlas venenosas con alguna intención amorosa. Volteo mi cabeza bruscamente con el ánimo de alejarme de la influencia vertical, rizomática, del mapa delezziano, pero no puedo resistir mirar y sé que el castigo de esta indiferencia es mi propia escultura.
Voy caminando por la cuarta con calle 17, mientras camino me doy cuenta que las calles del centro de Bogotá siguen conservando, a pesar de tanto tiempo que no las recorro, ese mismo aroma de sudor indigente de saberme lejos, ese mismo horroroso y viciado espectáculo de lo escatológico de mi memoria personal donde se confunden el sabor a manteca usada del restaurante chino, la mierda humana y los escupitajos rabiosamente pegados en las paredes y esquinas infladas, todos elementos del paisaje, todos elementos de ese asquito que significa vivir en esta ciudad del triunfo del gris.
El arte contemporáneo desde donde se instala la mirada libre e independiente de Salgado, al parecer es la misma mía y la misma de Pablo, profesor de colegio y amante de jazz que huye de la muerte y la marihuana; pero también es la misma mirada de Arcos, a pesar de sus graves y constantes contradicciones y sinsentidos, pero, pienso ¡que diablos! al fin de cuentas de lo que se trata en el arte de hoy es de ser completamente contradictorios.
Cuando vivía en la Candelaria y lejos del Museo TECMIT comía bien una vez al día en ese restaurante chino del cual les hable antes; en el sitio por 2.000 pesos servían una suerte de menú del día donde uno podía escoger entre hígado a la plancha, pollo frito o pescado que por el dinero que pedían lo mejor era no preguntar de que especie se trataba. Lo que importaba era que con esos dos mil pesos y la montaña de arroz negro del plato comíamos Humberto, Miguel y yo. Humberto compartió conmigo no sólo este diario plato durante años, sino también los cuatro metros cuadrados de mi habitación en el barrio la Concordia, otrora barrio rico capitalino, pero hoy vecindario de la mayoría de ladrones que trabajan en la calle 19. De Miguel me queda su carita de niño abusado por su familia y la alegría de su rostro agradecido cuando decidimos, Humberto y yo, adoptarlo por dos meses cuando él decidió huir por primera vez de su casa en los cerros de Bogotá. Luego, el almuerzo con hígado traslucido no aguantó para tanto y terminamos por dejar a Miguel en un CAI del centro de la ciudad con toda la ropa y mercado que mis amigos reunieron para mantenernos a los tres.
A unas calles de la casa republicana y del Museo TECMIT ocurrió todo esto hace más de diez años, lo que me hizo pensar con fuerza en varias cosas que ahora atañen ,increíblemente, al arte. Soy artista plástico, o mejor, soy pintor, enemigo de profesores viles y curadores sanguinarios, también de galeristas colombianos con ínfulas de pordioseros newyorkinos o madrileños, pero amante del color rosa de estilo republicano, del museo mítico y del origen narcisista del inicio.

lunes 30 de marzo de 2009

Los animales salvajes huyen, Museo TECMIT en la catedral bibliogesica de Bogotá.



Imágenes del oso perezoso encontrado en el parque Nacional de Colombia.

En inmediaciones del parque Nacional y el céntrico barrio de la Candelaria en la ciudad de Bogotá, desde la noche del 18 de marzo han comenzado a ocurrir una serie de eventos con características que van más allá de lo cotidiano, de lo humano racional. Ese día, a las 12 del mediodía, a pocas calles del Museo TECMIT, un viejo boticario de ciencias naturistas liberó por accidente, un sulfato de frielita, compuesto derivado de elementos raros característico por su penetrante olor a hongo amazónico de la familia de la grimatropivieda latinus . El sulfato fue utilizado durante el periódo de la guerra de los mil días para curar las infecciones de gangrena en labios y extremidades inferiores, un sub producto de un virus aéreo, contagiado vía neuronal por los osos perezosos de la región de Palonegro, en lo que hoy se le conoce como la llanura de la vergüenza en el departamento de Santander del Sur en Colombia. De inmediato, cuando el boticario liberó la volátil sustancia, en el Museo TECMIT, ubicado en el primer piso de la casa Republicana, las denditras maleables utilizadas en la restauración de la torre de vigilancia y los fondos cardinalicios del basamento tecnológico mítico comenzaron a sufrir una suerte de transformaciones, por demás de orden atónico, que implicaron en ese momento y ahora, la sensación vaporosa producto de un calor sofocante en el centro de la ciudad. Aquellos que vimos el espectáculo de color emanado del choque termifactico entre el vaho sulfico con el color de la reacción química en el ambiente, creímos haber visto, por un instante, un fuego con connotaciones sagradas más no bíblicas sobre la techumbre de la Biblioteca Luis Ángel Arango, catedral bibliogesica de Bogotá. Calor y espectáculo cromático de repente confluyeron en una sorda e imponente sensación de ahogo.
Afortunadamente para la constitución mítica del entramado de situaciones paralógicas, un joven distraído manipulaba inconscientemente un transportador transparente. El joven se encontraba abstraído en un juego de instrumentos raros para el dibujo marcados con la señal del absurdo y lo inútil. Por un momento imaginémonos la escena: los transformadores ingrávidos se yuxtaponían entre ellos creando una composición imposible de paredes, subsuelo e inframundos dentro del cubo blanco del museo moderno. Toqué incrédulo la imagen proyectada sobre aquella superficie rugosa donde aparecía diluida la forma del muchacho, pero todo cambio frente a la fabula instaurada por el arte contemporáneo maleable, flexible e incluso indivisible de la estética de la desaparición. En conclusión, el calor cromático en la existencia mítica de lo tecnológico hecho arte tiende a desvanecerse irremediablemente, esto último es una abstracción del pensamiento poético instaurado en las montañas y ríos de aguas turbias.
En ese orden de ideas las resinas importadas de Como y las esencias extraídas de los últimos arboles de copal del desierto de sonora, los cuales a luz de la verdad, poseen un fuerte componente de estiércol seco y delicioso olor a madreselva rizomantizan el mal aliento y la flatulencia irreverente, inmanente del barrio la Candelaria y el niño cíclope.
El Museo TECMIT desafiado por la amalgama de mierda verde de cerdos rojos y profesores viles sedientos de academia y tecnología arte, promulga la ética de la caverna ciega en la furia letrinocentrica: nunca más seremos tan felices y creativos como ahora. Mi influencia sencilla emoción, mi vida dada en el perfil, en la representación, es la escena traslucida de los transportadores rotatorios. En el maravilloso pasaje del libro ilustrado medieval del beato Rigoberto nos ofrece una parábola inviuvica con una conclusión parecida: “ Regodertum fisdreficutivus meridroctiva ego”.
El bochorno, sin embargo terminó por afectar a niños y abuelos, quizás la población más sensible a la sociedad del dibujo descategorizado, donde rasgo, trazo, imagen contexto dinámico nada pueden hacer ante la estampida de los animales salvajes, quienes huyen por no comprender la fenomenología de la creación, de la justicia mítica y tecnológica de la línea en el paradigma del pensamiento.
Es cierto lo que la sospecha manifiesta en pasillos y la institución arte promulga a partir de los doctores del arte: no se nada de arte, nada, me declaro un neófito del arte, de sus técnicas, de sus implicaciones con lo político, lo social y lo económico. En este sentido el MUSEO TECMIT en la Biblioteca Luís Ángel Arango esclarece la imagen soñada y el deseo acariciado del sarcasmo y la sorna, déspota, método y batalla rusticana del poder nimio.
Lo único cierto es que desde el momento de la instalación del Museo TECMIT, hubo un juego, podríamos afirmar, de asociaciones abstractas en beneficio complaciente de la imagen regional sexta frente al abstracto que representa el pensar un lugar del arte. No podría explicarle a ustedes nada en absoluto a riesgo de deteriorar el mito, lo que es susceptible a una descripción analítico-grinmensico es que aún prima un arte dado en las delicadas relaciones incestuosas de la malformación del deseo magestristico literario escindido. Los invito de nuevo a caminar las calles de la Candelaria, en esta oportunidad no dejen de pisar los mogones de mierda recalentada por el sol y aromatizada por lo tecnológico.
Como la idea era alejarse rápidamente de los animales salvajes, alejarse de la huida, yo, siendo profesor universitario y doctor en artes, huí en la estampida, recorriendo lo tantas veces visto: Corrí atravesando viejas y nuevas mallas de seguridad oxidadas del nuevo museo mítico a favor de un antes y un después de la creación. En la carrera cuarta con calle once, Viviana me miró pasar con esos extraordinarios globos oculares verdes y Laura rió, pero en su risita nerviosa olvidó referirse a la dama en solitario que, escamosa, aludía a una Pereira-bandera placentaria. Quiero comentarles confidencialmente que, mientras se surtían los programas de concierto las agencias de redes en esa sala húmeda con olor a hongo amazónico, trate de arrojar por el balcón las letras y textos completos de los libros angelodesicos por no entenderlos en mi vida a salvo de las entrañas de la ignorancia. Laura, criatura inocente, volvió violentamente su rostro ante la desagradable imagen de ver a alguien vaciar sus instintos de una manera tan vulgar.
Había corrido durante dos horas y mis piernas ya no podían dar un solo paso, crucé por el puente peatonal que queda sobre la calle 26 con quinta a varias cuadras del Museo TECMIT, torné a la izquierda dejando de respirar mientras pasaba por el pasadizo de detrás del Museo de Arte Moderno, ya que el olor a mierda era insoportable, bajé las escaleras, subí otras tantas escalas y de repente me vi frente a un espectáculo maravilloso. Nunca, óigase bien, nunca había visto un ser tan extraordinario a tan pocos pasos de mí. Se trataba de un oso perezoso, el cual dormitaba en algún tronco misterioso de un retorcido árbol de siete cueros. No conozco mucho de arboles bogotanos, pero este sí porque su especia se me ha grabado con fuego en mi espíritu, debido a que durante 12 años y siete meses me dediqué a dibujar celosamente los pistilos de su flor morada. Durante esa década me vi obsesionado con el color purpura profundo, la graciosa ordenación de los pétalos articulados en un tubo cálido y amable que conduce al tallo generoso. Ahora que lo pienso, la asociación entre flor de siete cueros y oso perezoso fue lo me hizo detenerme de un jalonazo, como si dicha asociación representara, en realidad, una poderosa e inevitable advertencia ante el peligro por la inmisericorde perdida del primer acto de fe, del abandono del primer ser humano seducido por la energía museística colombiana. Al ver el oso perezoso, creí que todos los supuestos hilos invisibles entre Museo TECMIT y nosotros, no guardarían nunca más relación alguna. Si ustedes así lo prefieren pueden leer en la pagina 3 A del periódico el tiempo del día 19 de marzo de 2009 un texto de apenas dos reglones que da la razón a lo aquí escrito. En la parte inferior derecha de aquella página, escondido tras un mensaje de una universidad, se puede dilucidar que se trata de una colaboración anónima enviada al director del periódico en el cual un lector alude a la expansión del humor del sulfato de frielita en Bogotá, escuchemos, “ deber de falsa melancolía recorre la legendaria institución arte del Banco de la República, ahora penetrada en sus entrañas por la química natural ciclópea” fin de texto. Con pocas palabras, por demás enigmáticas, lapidarias y crípticas, reporta, el colaborador, un cambio, un nacimiento inevitable de lo ciclópeo, marcha del enfoque longitudinal del pensamiento.
Los animales salvajes huyen. Frase y sudoración diacrónica me hizo pensar en que, a unos pasos de allí, en medio de la modorra descubrí lo que todos dábamos por muerto y desaparecido: la carpa de circo del viejo boticario con ínfulas de artista conceptual. El boticario descuidado dejó caer con intención el frasco con el sulfato de frielita, Carmen María, Toloza y el curador de Cartagena, Ortiz creo que es su apellido, hicieron como si nada hubiera pasado a pesar que era insoportablemente ridícula la situación por la super evidencia del vaporoso elixir penetrando ropas interiores, fosas nasales, cabelleras deslumbrantes y oídos encerados. Nadie podía respirar ese ambiente. Yo, artista a lo lejos, preferí quedarme allí en la inclemencia del tiempo en el goze de una obra de arte contemporáneo, de todas maneras el impresionante oso perezoso colgado en el árbol de siete cueros en el parque nacional, continuaría provocando otras asociaciones. El olor sulfico, el color siena oscuro, la velocidad del oso bajando por el tronco, los ojos verdes, la risa, el olor a mierda humana provocó en mí el abandono premonitorio de la ficción mágica mítica de saberse cobijado en la matriz placentaria de una bandera de mal gusto, de etiqueta roñosa y pobre soporte dorado.
El oso de pelaje rojizo continuó su descenso lentamente, reacción natural cuando las ráfagas de humo y compra amorosa del otro apostaban por la dispersión del vaho cromático iridiscente. Era un oso muy peligroso, lo noté de inmediato cuando pretendió articular un gesto de asombro simulado ante las falsas religiones estéticas, todas endémicas y modernas. La mierda humana fétida organizada en precisa línea del Museo de Arte moderno nos habla de una ordenación del arte a partir del fragmento. Las deposiciones progresivas generosamente dispuestas a cada metro de distancia hacían referencia, ¿porqué no? A un juicio estético. En el puente, yo seguía atento al oso, ahora más absorto que antes puesto que, como ya lo dije antes, el impacto era la alegría por todo lo que el Museo TECMIT había generado, todo lo que había convocado en esa Bogotá pretenciosa del lenguaje. Los animales salvajes huyeron, es cierto, pero un oso perezoso se quedó atorado en el árbol de siete cueros, laberinto violeta donde no hay posibilidad sino para al ocre y el siena profundo.

Oscar Salamanca
Museo TECMIT
Director (E)

jueves 26 de marzo de 2009

EL MUSEO TECMIT, en IMAGEN REGONAL VI, Biblioteca Luís Ángel Arango


Fotografía Alvaro Hoyos

La exposición se inauguró el 13 de marzo de 2009 y estará abierta al público hasta finales de mayo, luego itinerará por algunas sedes del Banco de la República en Colombia.

para ver mas información

http://www.lablaa.org/blaavirtual/exhibiciones/imagen-regional-06/

www.lacoctelera.com/libdoherida

www.oscarsalamanca.net
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